Taller nº8 ABRIL 2013

Taller nº 8 ABRIL 2013

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Escena:

Tal y como os decía antes, la escena se basa en el cuadro de Hopper, pero NO es necesario que los protagonistas sean los personajes del cuadro ni que tenga lugar dentro del bar. Tenéis libertad para crear la historia que queráis siempre que:

1. Contéis una historia con su inicio, su nudo y su desenlance.

2. La historia tenga lugar durante la noche, haciendo homenaje al título del cuadro (Noctámbulos) y la atmósfera de soledad que desprende.

3. La historia esté inspirada en el cuadro de Hopper.

Esto es, podéis contar lo que le pasa a cualquiera de los personajes del cuadro, pero también a otro distinto que pase por ahí, lo que sucedía justo antes o justo después de la imagen, lo que sucede a consecuencia de esa imagen… Lo que se os ocurra.

Extensión:

El texto con el que participéis en el taller deberá tener una extensión máxima de 750 palabras, y solo se admitirá un texto por usuario.

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“Escondido tras el lienzo”

-“Señor, venga un momento.” -Comentó uno de los policías que se hallaban en el lugar del crimen.

Dick era un veterano en la comisaría del distrito 43, había identificado a un gran número de asesinos y era todo un experto en solucionar crímenes difíciles. Le gustaba su trabajo, tanto que había dedicado toda su vida a ello, sin necesitar nada más. Por eso había acabado convirtiéndose en un lobo solitario, aunque su afán por cumplir con su trabajo le había reportado gran reconocimiento. Toda su casa estaba llena de condecoraciones, premios y un sinfín de artículos donde le mencionaban como el policía perfecto.

-“¿Qué es lo que quiere, Norman? ¿No ve que estoy ocupado identificando al cadáver?” -Bufó el teniente Dick.

-“Pronto sabremos quién es, acabo de encontrar su cartera en un rincón.” -Le contestó, indicándole dónde se hallaba.

-“Muy bien. Revise la documentación y póngase de inmediato a interrogar a la vecina que nos llamó informándonos del incidente. Quiero acabar lo antes posible con este caso, tengo mucho trabajo acumulado en la oficina.” -Le ordenó.

Pocas horas antes, una mujer muy exaltada había llamado a comisaría rogando que fuésemos de inmediato a la dirección indicada porque había descubierto un cadáver. Por los datos que pude saber después, la mujer en cuestión era la típica señora cotilla, oportunista y roñosa que, por mala suerte, a todo vecino le toca soportar. Pero en este caso, fue esa mala suerte la que nos ayudó a llegar al lugar del crimen pocas horas después de que se cometiera. De inmediato supimos que la señora Enma tenía la llave del piso de la víctima porque se ocupaba de llevarle la comida todos los días.

-“Edward Hopper, señor. Es el famoso pintor.”

-“Ya sé que era pintor, maldita sea; pero si toda la casa está llena de pinceles, paletas y demás utensilios. Casi tropiezo con un bote de pintura… ¡rosa!”

-“Ya, señor, pero es Edward Hopper. ¡Debe sonarle el nombre!. Decían los periódicos que estaba preparando una exposición en la galería MOMA. Mire el cuadro que hay sobre ese caballete; se titula Noctámbulos. Lo sé porque estuve en la exposición en la que lo presentó por primera vez.” -Argumentó Norman.

-“Déjese de tanto dato inútil que no ayuda en nada y dedíquese a comprobar la coartada de la vecina. Mientras, investigaré qué es lo que hace ese cuadro… ¿cómo dijo que se llamaba?”

-“Noctámbulos” -Respondió Norman.

-“Pues eso. Intentaré averiguar qué es lo que hace ese cuadro situado justo en medio de la habitación, a tan escasa distancia de nuestro famoso pintor. No acabo de entender por qué está precisamente ahí. Por cierto, llame de inmediato al forense. Se está retrasando demasiado.

Veamos, el cuerpo tiene un solo impacto de bala en el pecho y, según veo, el disparo tuvo que ser realizado por alguien situado a corta distancia y enfrente de la víctima. El orificio de entrada y salida no deja lugar a dudas. Un disparo directo al corazón es la causa de la muerte. Lo que no logro explicar es el calibre de la bala, por el agujero producido ha de ser de un diámetro muy pequeño, casi tan pequeño como un perdigón.

Según la vecina nadie ha entrado ni salido en horas, y según la posición en la que se encuentra el cuerpo, ninguna ventana coincide con la trayectoria por la que pudieran haber disparado. Creo que este caso me llevará más tiempo de lo que pensaba.

Y el cuadro, esas formas tan sombrías, sólo hay que mirar las caras de sus protagonistas…. hay veces que no entiendo cómo puede existir gente que compre estas cosas.

Tengo la extraña sensación de que la mujer del cuadro me quiere decir algo, como si ella supiera todo lo que ha ocurrido. Y el camarero, parece no dejar de mirarme. Este cuadro cada vez me parece más misterioso. Y el hombre de espaldas diría que guarda un secreto, tal vez compartido sólo por los clientes de ese bar. Todo me lleva a pensar que el disparo provino de la misma dirección en la que se encuentra el cuadro, es como si…. No sé por qué, pero la figura que está sentada de espaldas me resulta fascinante… atrayente… Norman, ¿Qué cree que habrá querido expresar Hopper al situarla ahí? Piensa que quizás pudiera haber sido ella quien…. pero eso es imposible.”

-“No lo sé, señor. Tal vez… ”

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Taller nº7

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Escena:

La historia ha de tener lugar en un barco, del tipo que sea. Puede tratarse de un barco pirata, de pesca, de guerra, de pasajeros, de vela, un bote salvavidas… Lo que queráis. Basta con que esté en el agua, flote y tenga algún pasajero y/o tripulante (o no… que también se han dado casos de barcos fantasma).

Además, existe otro requisito, y es que tiene en la historia tiene que suceder (o haber sucedido) un robo. ¿Qué es lo que han robado y quién? ¿Por qué? ¿Los personajes saben que el robo ha tenido lugar o lo desconocen? Eso ya se lo dejo a vuestra imaginación.

Extensión:

El texto que nos enviéis para participar en el taller ha de tener una extensión máxima de 750 palabras, y solo se puede enviar un texto por usuario

El tesoro robado.

—¡Rayos, centellas, retruécanos y truenos! ¡Por las barbas de Neptuno! ¿Quién ha sido el maldito bribón que ha osado robar mi preciado tesoro? —gritó el capitán pirata Pecholata. —¡Levantaos inútiles mascachapas!

—Capitán, ¿qué es lo que ocurre? —Intervino el segundo al mando, el teniente Roberto Ojotuerto.

—¡Peinaovejas, muerdesartenes, chupacharcas, lamecandaos, masticalegañas,…! ¡Os pasaré a todos por la quilla! —No paraba de lanzar improperios el capitán a todos los tripulantes del barco pirata Pandacafres.

—Avisa al contramaestre Isolina Gato Sardina, que se presente de inmediato ante mi o le mandaré a criar malvas.

—Sí, mi capitán. —Contestó el teniente.

Ojotuerto se puso a buscar al contramaestre por todo el barco hasta que logró encontrarlo durmiendo la mona en la popa.

—¡Despierta cabezabuque! —Le gritó mientras le propinaba tal puntapié que casi le mandó a pastar con los tiburones.

El capitán te reclama de inmediato, no le hagas esperar o de sardina sólo te dejará la raspa.

—¿Dónde está el capitán?

—Por babor.

—Por babor, ¿dónde está el capitán?

—¡Rufián insensato!, levanta y corre. Ya sabes que los muertos no hablan. —Le contestó un malhumorado teniente.

El contramaestre no se lo pensó dos veces y se dirigió de inmediato al encuentro con su capitán. Conocía todas las historias que de su famoso capitán se contaban, historias en las que nunca dejaba supervivientes, aunque pensándolo bien, si nunca dejaba supervivientes…¿esas historias quién demonios las contaba?

—Mi capitán, a sus órdenes. —Le dijo el contramaestre Isolina.

—¡Maldito bastardo! Manda a todos que suban a bordo. (Y bordo murió aplastado)

Una vez reunidos todos los piratas, el capitán se dirigió a ellos informándoles que su tesoro había desaparecido.

—Bellacos, uno de vosotros ha robado mi tesoro. Nadie saldrá vivo de este barco. Ofrezco mil chinches de oro a quien consiga encontrar a mi preciado loro.

—También os debo dar dos noticias, una buena y una mala. Os daré primero la buena.

Como llevamos navegando en busca de barcos a los que abordar más de tres años, cuatro meses, dos días y seis horas; os vais a poder cambiar los calzoncillos. —Ante tal buena noticia todos los piratas gritaron vitoreando a su capitán.

—¿Y la mala noticia? —Contestó Román Calaveracalva.

—La mala es que; tú Román, te los cambiarás con Aquiles Canto, tú Barba Melón te los cambiarás con Edgar Ganta, tú Solomeo Paredes te los cambiarás con Aldo Lorido,…

Todos los piratas comenzaron a investigar, a buscar al responsable de la desaparición del loro Tesoro.

Se hacían preguntas entre ellos para encontrar al culpable. Después de muchas horas encontraron al ladrón.

—Tú, pillastre. ¿Cuántas anclas tiene un barco?

—Esteeeee, mmmmm. ¡Once! —Contestó.

—¿Qué? ¿Cómo que once?

—¡Claro! No ves que siempre dicen: eleven anclas.

—Capitán, capitán. He encontrado al ladrón. —Y en un momento todos los piratas acudieron a la llamada y ataron a Manoslargas, que así es como se llamaba nuestro ladrón de loros.

—¿Qué has hecho con mi loro, rufián? —Le preguntó el capitán Pecholata.

—Oh, nada mi capitán, anoche entré en la bodega en busca de más ron y escuché una voz que me dijo: “¡Jesús te está mirando!” Entonces me asusté, pero como no ocurrió nada y seguía teniendo sed, continué. Y de nuevo volví a escuchar la voz que me dijo: “¡Jesús te está mirando!” Asustado prendí una vela y advertí que la voz venía de su loro. Le pregunté cómo se llamaba y me dijo que Tesoro.¿Y quién fue el tonto que te puso ese nombre?” le dije. Y él me contestó: “El mismo que le puso Jesús al doberman que tienes detrás, zopenco.”

Y entonces se armó tal belén que huí, dejando a oscuras a los dos animales, y no logré adivinar qué es lo que puÉdo pasar después.

—Arrr, ¡voto a bríos!. Llevadle a estribor para lanzarlo a los tiburones. Y a Jesús también. Los pasaremos por la plancha y daremos de pastar a los tiburones. —Bramó enfadado el capitán ante la idea de que su loro hubiese pasado a mejor vida.

—¡Tierra a la vistaaaaaa! —Gritó desde lo alto el vigía del barco. Y todos los marineros se quedaron ciegos.

Manoslargas y Jesús aprovecharon que los piratas se echaban tierra unos a otros para escapar. Arriaron un bote y se alejaron del barco pirata, el único con un pirata sin loro.

Taller nº6

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Escena:

La historia (o una parte, por lo menos) tiene que ocurrir durante un carnaval o una fiesta de disfraces. Además, ha de haber un personaje que tenga miedo de algo, por los motivos que sea.

Género y tono:

No está limitado. Tenéis manga ancha en este asunto. La historia puede ser de terror, de suspense, de amor, de humor, dramática… Lo que se os ocurra y os apetezca, pues el miedo del personaje puede ser por muchos motivos. :)

Extensión:

El texto que tenéis que desarrollar para el taller ha de tener una extensión máxima de 750 palabras. Sólo se admitirá un texto por usuario.

“Trágico carnaval”

Recobro el conocimiento y no sé donde estoy, no consigo enfocar la vista más allá, mis párpados se rinden cansados. Palpo la tierra con las manos: estoy tumbado bocabajo en el suelo. Intento incorporarme y noto el peso de mi cuerpo, me doy la vuelta despacio y veo una estrella brillando intensamente. Intento mirarla fijamente pero me mareo un poco, creo que voy a vomitar… Sabor agrio y amargo en la boca, consigo sentarme y veo mi ropa sucia, muevo lentamente las piernas y el resto de mi cuerpo. Está anocheciendo pero todavía hay suficiente claridad, estoy en mitad de un descampado lleno de cardos y margaritas; consigo ponerme de pie, tengo que caminar, debo aprovechar mientras quede algo de luz. ¡Estoy tan desorientado!, no consigo recordar nada por más que me esfuerzo, ¿qué estoy haciendo aquí? ¿qué me ha pasado? ¿qué hago disfrazado? Sigo andando con cuidado y oigo el chirriar de unos pájaros que surcan el cielo. Creo escuchar un llanto lejano, miro hacia todas partes y grito: ¿Hay alguien ahí? Nadie responde. Se me acelera el pulso, sigo oyendo el llanto y voy hacia él. ¿Dónde estás?, vuelvo a gritar, ¡No puedo encontrarte!. Ahora sí, lo oigo claramente y avanzo decidido, detrás de un arbusto de margaritas hay una niña llorando. Me siento a su lado en el suelo y la cojo en brazos, la abrazo y le susurro: “No llores más, tranquila, todo ha pasado”. Hay algo en ella que me resulta familiar, limpio con mis manos su cara llena de mocos y lágrimas, la niña me mira con el corazón encogido y, entre sollozos, intenta decirme algo que no alcanzo a comprender, solo he entendido la palabra mamá. “Tranquila, vamos a ir a buscar a tu mamá, le digo, no llores más”. Ella mueve de arriba abajo su cabecita mientras se restriega los ojos con las manos sucias y se pone de pie. El día oscurece por momentos, cojo a la niña de la mano y comenzamos a andar, le pregunto cómo se llama; luego, levanta su brazo señalando algo con su dedito, miro hacia allí y distingo una columna de humo negro. Mientras caminamos hacia la humareda empiezo a oír lejanas sirenas, de pronto, algo me deslumbra a unos veinte metros a mi derecha y me acerco hasta distinguir una gigantesca pieza metálica, me aproximo con recelo… ¡Dios mío! ¿qué es esto? ¡Hay trozos de metal quemado por todas partes!, la sangre se me va helando por momentos y empiezo a comprender… Sin pensarlo dos veces cojo a la niña en brazos y la pongo de espaldas a todo, no quiero que vea esto, es espeluznante. Le digo a la niña que cierre los ojos, me tiemblan las piernas pero hago un esfuerzo por seguir avanzando mientras se agolpan imágenes en mi cabeza que intento ordenar… Veo dos o tres coches destrozados. La niña es la hija de mis vecinos, yo les convencí para que me acompañaran todos a la fiesta de disfraces de mi trabajo. Hay cuerpos inmóviles en el suelo, no sé si están vivos o muertos. Íbamos juntos en mi coche. El ruido de sirenas se hace más fuerte y claro. A cincuenta metros de mí distingo perfectamente la silueta torcida de la parte delantera de mi Audi, hay bomberos y policías por todas partes. Personas portando camillas corren de un lugar a otro. Todo es un caos. Me voy acercando a lo que queda del automóvil, es como si alguien lo hubiese partido en dos. Su aliento a quemado me golpea en la cara. Alguien grita “¡aquí! ¡aquí!” y dos hombres acuden corriendo hacia él, entonces yo grito “¡aquí, por favor, aquí!, ¡esta niña!” pero no me oyen, creo que ni siquiera me han visto. Sujeto más fuerte a la niña mientras avanzo por el estrecho camino, el olor a gasolina condensa el aire, llego hasta lo que queda de la parte trasera y veo a la niña allí sentada, sola, su grácil cabecita torcida en un ángulo imposible, siento como su cuerpo se desvanece entre mis brazos, me miro incrédulo las manos vacías y grito: ¡Noooooo!. Avanzo despacio y con miedo hasta alcanzar la parte del conductor, y sí, efectivamente estoy allí, con mi disfraz quemado y roto por mil sitios, el pelo cubre mi cara como si quisiera ahorrarme esa máscara de horror, metales retorcidos se incrustan en mi cuerpo roto pero no siento dolor…

 

Taller nº5

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Escena:

La acción del relato tiene que ocurrir en un teatro. No hay restricciones ni de personajes ni de tema. El único requisito es que uno de los personajes ha de guardar un secreto.

Consejo:

Un teatro y un secreto. Esas son las premisas para la escena de este mes. Mi consejo es que hagáis una pequeña lista con unas cinco respuestas a las siguientes preguntas: ¿Quién guarda un secreto en ese teatro y por qué? ¿Qué secreto es? Anotad cualquier respuesta que se os ocurra, las que os acudan a la cabeza. Una vez las tengáis todas, podréis elegir aquélla que os resulte más sugerente para contar una historia. :)

Extensión:

El texto que tenéis que desarrollar para el taller ha de tener una extensión máxima de 750 palabras. Sólo se admitirá un texto por usuario.

Un teatro y un secreto”

Me viene a la mente la forma en que llegó a mis manos la entrada de tan curiosa obra. Una carta sin remitente y con sólo un mensaje en su interior: “¿Quiere perderse la obra teatral jamás vista?. Este sábado a las 22:00 en el teatro real. Asiento 2D”

Todos los allí presentes nos mirábamos con una cierta desconfianza, pregunté a varias personas y todas me dieron la misma respuesta, nadie sabía de que obra se trataba y a todos nos habían llegado las entradas de la misma forma.

Abrieron las taquillas y entramos pausadamente, no sin sentir una inmensa curiosidad por saber que era lo que nos esperaba dentro del teatro. Quizás sólo se tratase de una broma, o de alguna empresa publicitaria que buscaba a una serie de personas para grabar su anuncio, la cuestión es que un acomodador nos iba señalando muy amablemente el asiento que nos pertenecía.

El murmullo era ensordecedor, todos nos preguntábamos que sucedería. Y la respuesta llegó en manos de un hombre que salió de detrás del telón. La gente calló de inmediato y el hombre comenzó su discurso. En un primer momento se presentó y luego mencionó que los allí presentes habíamos sido seleccionados entre miles de candidatos por pertenecer a un grupo de personas que según dijo teníamos una especie de sintonía espiritual con sucesos paranormales. Todo esto me preocupó en cierta medida y estuve a punto de levantarme y marchar de tan disparatada situación, pero no lo hice por saber más.

Acabó diciendo que un gran secreto nos sería desvelado al final de la obra, un secreto que sólo conocía él y que nos cambiaría la vida.

Pasaron unos minutos y empezó la obra. La verdad es que la caracterización de los actores era sublime, el maquillaje y la vestimenta eran espectaculares, definían con todo lujo de detalles los personajes a los que encarnaban los actores. La obra quería presentarnos un resumen de lo que habían sido los últimos días de un famoso escritor, y nos iba relatando todos los que habían sido sus personajes literarios. Reconocí a muchos de ellos por ser un gran aficionado a la lectura, además de que el mencionado escritor era uno de mis favoritos.

Sentía una gran emoción cada vez que reconocía a un personaje, me hacía volver a determinadas partes de mi vida. El osito volador me hizo recordar a mi primer libro cuando apenas sabía leer, el valiente caballero hizo que volviera a vivir mi adolescencia, y así con cada uno de los personajes que iban apareciendo.

Pero todo se volvió extraño cuando pregunté a la persona que estaba sentada a mi lado si también reconocía a todos los personajes. Su respuesta me dejó sin aliento cuando me dijo que la obra que él estaba viendo no tenía nada que ver con un escritor y sus personajes, me contestó que la obra era una comedia sobre la ciudad donde él había vivido y sobre sus habitantes. No podía creerlo, incluso me produjo una sensación de enfado al pensar que me estaba tomando el pelo por lo que pregunté lo mismo a otra persona y ésta me dijo que la obra era un monólogo de un artista muy conocido que le encantaba. ¿Pero como podía ser que esas personas vieran obras diferentes si estábamos todos en el mismo teatro?. Un cierto nerviosismo se apoderó de mí y no dudé en buscar con la mirada las reacciones de las personas que estaban a mi alrededor. Algunas reían, otras lloraban, otras miraban fijamente el escenario con una cara de melancolía; parecía como si todas estuvieran viendo obras distintas. Me crucé con la mirada de la persona que había presentado la obra y su determinación hizo que me relajase, me hizo un gesto para que me tranquilizara y que al final tendría mi explicación. Así que me senté de nuevo y volví a mirar la obra que seguía con la presentación de mis personajes favoritos. Poco a poco perdí el temor y disfruté de la función como un niño. La obra finalizó y todos nos levantamos a aplaudir con entusiasmo. Todas y cada una de las distintas obras que habíamos visto los espectadores eran fruto de nuestra imaginación y por eso las reacciones en cada uno eran diferentes.

Cada vez que recibo una carta sin remitente deseo con todo mi corazón que vuelva a ser una entrada para el teatro real.

Jueves

Jueves 24 de Mayo del 2012

Mientras desayunamos te pregunto por el trabajo, quiero saber cómo va el proyecto, si falta muy poco para que lo publiquéis. Pero hoy tampoco tienes ganas de contarme nada relevante. No creo lo que me dices, no es que no te crea, siento que me estás ocultando algo más.
Estoy algo nerviosa por la cita de hoy con tu ayudante, quizás él me cuente más cosas.

Nos despedimos y paso la mañana en casa.

A media tarde recibo una llamada inesperada de Isaac, el ayudante de mi marido. Se le nota un poco exaltado, me pide que tengamos la cita pendiente en el laboratorio. Doble preocupación, la primera por saber qué es lo que me contará y la segunda por quedar en el laboratorio. Acepto pero no sin antes quedar a una hora en la que mi marido ya no se encuentre trabajando. Estoy preocupada, nunca antes había ocultado nada a mi marido y ahora estoy jugando a detectives.

Estuve todo el resto de la tarde muy nerviosa, me sudaban las manos y no podía pensar en otra cosa que no fuera en ti. Me daba un vuelco el corazón cada vez que escuchaba un ruido pensando que hoy también llegases pronto y me sorprendieras.

No aguanté más la presión, me subí al coche y me fui horas antes de la hora señalada. No fui directamente al laboratorio para que no vieras mi coche y te extrañaras. Pensé que te estaba mintiendo, escondiéndome como cualquier delincuente, pero debía saber lo que me ocultabas.

Esperé en el coche hasta que una nueva llamada de Isaac me sobresaltó; todo estaba listo, me esperaría en la entrada de la empresa. Encendí el motor del coche y conducí hasta el párking exterior de la empresa química. Bajé de mi Fiat Cinquecento, regalo de nuestro segundo aniversario, y fui hacia la entrada donde Isaac y dos guardias me esperaban. Tenía una ficha falsa preparada en la que ponía un nombre que no llego a recordar y que figuraba como pariente de tu ayudante. Siempre te quejabas de la falta de profesionalidad de los vigilantes de seguridad y me di cuenta de que fue muy fácil falsificar un pase. No me preguntaron nada gracias a que iba acompañada por alguien de la empresa o quizás porque no les importaba; la cuestión es que entré con Isaac y me llevó hacia el laboratorio, una vez allí me explicó que llevaba un tiempo observándote sin que te dieras cuenta y que tu comportamiento cada vez era más raro.

Me contó que no querías que nadie entrara en tu despacho y que últimamente era mucho el tiempo que pasabas solo, inmiscuido en tu trabajo. Desde hace un tiempo el estudio sobre la cura en la que trabajábais no avanzaba como debía y este hecho preocupó a Isaac de tal forma que empezó a tener dudas sobre tu rendimiento. Además, lo más importante es que ayer tuviste una visita de una persona que, según tú, era un gran científico amigo tuyo, y a la que Isaac reconoció como un mendigo con el que se había cruzado hacía poco. Esta mañana te preguntó por esa persona y me contó que le evitaste de malas maneras, cosa que motivó a tu ayudante a indagar un poco más en el asunto. Y la sorpresa es que me enseñó una sala donde experimentáis y ví un cuerpo casi descompuesto, un cuerpo humano!!!

No puedo contemplarlo, y no puedo llegar a creer que todo esto lo hayas hecho tú….no puedo, lo siento pero….no puedo!!!!!

Me es mucho más difícil cuando leo en tu diario que no tienes remordimientos, como si fueses un asesino profesional y nada pudiera interferir en tu meta final.

Issac está muy nervioso y me dice que debemos llamar a la policía. Le aconsejo que se calme y que pensemos un poco en la situación; tiene que haber una explicación racional. Le convenzo para que me de un día más antes de llamar a la policía, un día para que pueda hablar contigo y me des una explicación lógica de por qué has llegado hasta este extremo. Es difícil convencer a alguien ante semejante atrocidad pero logro disuadirlo y decidimos no contarle a nadie nada de lo que hoy hemos visto. Le pido que actúe de la manera más natural posible y que mañana vaya a trabajar como si no hubiera pasado nada.

Recuerdo que te dejé una nota en casa excusándome de mi presencia en casa durante la noche, diciéndote que mi madre estaba enferma y que debía pasar toda la noche con ella. Es la primera vez que te miento pero era necesario hacerlo para que no sospecharas que faltara en casa cuando tú llegases después del trabajo. Isaac me insiste en que puedo quedarme con él en su casa pero ya tenía buscada una habitación en un hotel en las afueras de la ciudad. Nos despedimos, no sin antes volver a repetirle que me dé un día para intentar solucionarlo todo y que estaremos en contacto por si sucediera algo más.

Me voy al hotel. Me doy una ducha para refrescarme y relajar la tensión que llevo acumulada de todo el día estresante y suena el móvil. Eres tú preguntándome cómo está mi madre y si necesito algo. Hablamos y me das las buenas noches. He estado muy cortante contigo, te dije que estaba cansada del viaje y del cuidado de mi madre, te lo creíste y una vez colgado el móvil me fui a dormir, aunque creo que no conseguí hacerlo en toda la noche.

Miércoles

Miércoles 30 de Mayo del 2012:

Cuando repaso lo que hiciste hace una semana se me eriza el vello. Mataste a un ser humano sólo para comprobar que el virus tendría efecto, y cuando llegas a tu laboratorio sólo tienes pensamientos de euforia por conseguir lo que deseabas, no llegaste ni siquiera a pensar lo que habías hecho, el acto tan desagradable que habías cometido. En un primer momento me sentí engañada, sentí que todos los años que llevaba contigo habían sido una mentira. Todo el dolor que sentía me hizo pensar que no te había conocido nunca. Pero cuando leo lo que sientes por mí, el alma se me parte en dos.  Sentí que no estabas escuchándome durante el desayuno. Noté una especie de indiferencia hacia todo lo que te decía que hizo enfadarme. Tenías la mente puesta en otro sitio, cómo si no quisieras estar en ese momento conmigo, o como si tuvieras prisa por abandonarme. Es lo que sentí cuando ni siquiera contestaste al decirte que te quería, tanto fue el enfado que dejé hasta de mirarte. Sentí algo extraño que nunca antes había sentido, algo doloroso que estuvo a punto de hacerme llorar, pero contuve mi indignación más por tozudez que por otra cosa. Estuve todo el día pensando en lo que te podía haber hecho actuar de esa forma, en si había procedido mal para que te sintieras así, pero sabía que no era ese el caso y que si hubiera sido me lo habrías comentado. Cuando estás a mi lado no interfiere nada entre nosotros, por eso esa mañana recuerdo enfadarme mucho y recuerdo que estuve todo el día con ese pensamiento. Salí de casa y decidí que una vez acabados todos los recados me pasaría por el laboratorio donde trabajabas para darte una sorpresa.

Era media mañana y hacía un tiempo muy cálido, había bastante tráfico para la hora que era. En la ciudad me crucé con uno de los ayudantes de mi marido, que según me explicó, había abandonado el laboratorio para arreglar una documentación que había extraviado. Me pregunta por mi marido y por si en los últimos días había notado algo extraño. Explica que ayer hubo una visita en el laboratorio y que tenía muchas dudas de la persona que había acudido en tu compañía. Todo esto me parece muy extraño, más cuando quiere hablar conmigo sobre este tema. Le digo que tengo pensado acercarme al laboratorio y que me puede acompañar para hablar los tres. Se niega en rotundo y decide quedar otro día conmigo, insiste en que algo raro está sucediendo en su trabajo desde hace unos días y que mi marido es el culpable de tal situación. Me asusté cuando te nombró de esa manera, pero es verdad que últimamente te notaba cambiado. Por eso decidí quedar con tu ayudante al día siguiente.

Se me hizo tarde  y había quedado en casa con una amiga para comer, por eso decidí dar la vuelta y no ir al laboratorio.

Para mi sorpresa llegaste muy pronto a casa, eran contadas las veces que había ocurrido un hecho similar. Siempre cumplías con el horario establecido, incluso había días en los que te demorabas más en llegar a casa, pero llegar mucho antes era extraño. Me vino a la mente el encuentro con tu ayudante y todo lo que me había contado. Ahora podría hablar contigo y teníamos tiempo suficiente para intentar solucionar aquello que me preocupaba. Tenía muchas cosas que contarte.

Pero me diste un beso y me explicaste que tenías mucho trabajo por hacer aún y que un montón de papeles te esperaban en tu despacho para ser leídos y firmados. Te trajiste trabajo a casa, cosa que no recuerdo que hubieras hecho antes, siempre preferías terminarlo en tu laboratorio porque contabas que llevarte trabajo a casa era perder ese tiempo que podías estar conmigo. Entendí que tuvieras muchas cosas por hacer, pero siempre me dabas explicaciones de lo que hacías y me pareció muy extraño que ni siquiera me contases de qué iba todo aquel papeleo que tenias que leer. Y además, después de mucho tiempo, teníamos una tarde libre para nosotros solos entre semana, hecho que muy pocas veces habíamos podido disfrutar… Y yo quería darte mi regalo!!! pero fue tal la rabia que sentí que no tuve ganas de entregártelo.

Los enfados contigo duran muy poco, siempre acabas soltando alguna tontería que hace desaparecer ese malestar y lo sustituye por una nueva sonrisa, esas sonrisas que con tanta frecuencia me provocas. Sabía que por la noche todo habría pasado y volvería a la normalidad, pero para mi sorpresa no quisiste cenar y te fuiste a la cama nada más salir del despacho. No quise darle más vueltas y decidí acostarme, aunque estuve unas horas desvelada, pensando en que tenía muchas cosas de las que tenía que hablar con tu ayudante. Debía saber todo lo que pasaba.

Martes

Martes 29 de Mayo del 2012:

El martes me desperté y encontré tus ojos fijos en los míos, como siempre decías que te gustaba mirarme. Una sonrisa y un guiño tuyo me volvieron a cautivar y te besé.

Noté que mi corazón se encogía y latía a menor velocidad, como si con cada latido intentase guardar ese momento y no quisiese que se diluyera en el tiempo.

Tu mirada era tan reveladora que sabía sin decirme nada lo mucho que me seguías queriendo, tus ojos me decían lo importante que era en tu vida. Los míos respondían de la misma manera y por eso cuando te levantaste para ir a desayunar no dejé que te marcharas.

Quería tenerte entre mis brazos un minuto más, suficiente para sentirte cerca; te besé con una pasión que me asombró y me correspondiste de la misma forma.

Tu mirada me hizo sentir complicidad, una complicidad que siempre hemos tenido y de la que me sentía muy orgullosa. Fue un beso muy largo y cuando me aparté supe con sólo mirarte que tú también seguías enamorado. Tanto tiempo conociéndonos y todo ese tiempo sintiendo una atracción mútua de la que nunca he podido escapar.

Desde la distancia de la semana que ha pasado me doy cuenta de lo feliz que soy contigo, no creo que pueda estar ni un sólo día sin saber de ti y sin notar que estás a mi lado, dándome ese cariño que tanto necesito.

Te marchaste a trabajar y esperé en la puerta despidiéndote sabiendo que sólo pasarían unas pocas horas hasta que volviera a verte.

Me ha sido muy difícil leer lo que hiciste Ese día. Sabía de tu determinación por conseguir todas tus metas pero nunca que pasarías ese límite. Siento cómo un escalofrío me recorre todo el cuerpo cuando pienso en lo que hiciste, mataste a una persona sin ningún miramiento y sin sentir remordimiento. Explicas la muerte de ese pobre humano como si se tratase de una rata de laboratorio, como si hubiese sido necesaria su ejecución.

Siento náuseas cada vez que lo pienso, y no puedo dejar de llorar. Llorar por ti.

Pero ese día cuando volviste del trabajo no tenía ni la más mínima sospecha de que algo tan grave había sucedido. Te vi llegar como de costumbre, es verdad que algo más cansado de lo normal porque me dijiste que no prepara cena, que necesitabas dormir. Algunos días ocurría, tanto trabajo te hacía llegar a casa destrozado y sin ganas ni de cenar ni de charlar conmigo, por eso no dudé de lo que me dijiste. Yo estaba leyendo un libro cuando llegaste y seguí haciéndolo un tiempo más mientras tú te ibas a dormir.

Yo también estaba cansada y no tardé mucho en ir a acostarme. Recuerdo que mientras me limpiaba los dientes te escuché balbucear entre sueños, fruto quizás del cansancio, decías cosas que no podía entender y que me hacían mucha gracia.

Me acosté junto a ti y estuve un tiempo observándote como siempre lo hacía.

No sospechaba nada de lo que ese día hiciste, no sabía lo cruel de tus actos. Todos los años que he estado contigo no presagiaban la conducta que he descubierto hoy en ti, quizás el amor me hacía ver sólo los aspectos buenos de los que siempre me vanagloriaba delante de mis amistades, o algo te había hecho cambiar estos últimos días. Siempre comentabas que te tenía en un pedestal, que te admiraba sin condiciones y que no veía tus defectos, pero es que no los tenías.

Antes de dormirme recordé que tenía una noticia muy importante que darte, pero estabas tan guapo dormido que esperé para contártela.

Ahora pienso que hubiera sido mejor explicarte lo que pasaba ese mismo día, igual nada de lo que después pasó hubiera ocurrido, me culpo por no decírtelo, por no darte la misma felicidad que hoy tuve pero las distracciones que me invadían me hicieron perder la noción del tiempo y borrarla de mi memoria.

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