Martes

Martes 29 de Mayo del 2012:

El martes me desperté y encontré tus ojos fijos en los míos, como siempre decías que te gustaba mirarme. Una sonrisa y un guiño tuyo me volvieron a cautivar y te besé.

Noté que mi corazón se encogía y latía a menor velocidad, como si con cada latido intentase guardar ese momento y no quisiese que se diluyera en el tiempo.

Tu mirada era tan reveladora que sabía sin decirme nada lo mucho que me seguías queriendo, tus ojos me decían lo importante que era en tu vida. Los míos respondían de la misma manera y por eso cuando te levantaste para ir a desayunar no dejé que te marcharas.

Quería tenerte entre mis brazos un minuto más, suficiente para sentirte cerca; te besé con una pasión que me asombró y me correspondiste de la misma forma.

Tu mirada me hizo sentir complicidad, una complicidad que siempre hemos tenido y de la que me sentía muy orgullosa. Fue un beso muy largo y cuando me aparté supe con sólo mirarte que tú también seguías enamorado. Tanto tiempo conociéndonos y todo ese tiempo sintiendo una atracción mútua de la que nunca he podido escapar.

Desde la distancia de la semana que ha pasado me doy cuenta de lo feliz que soy contigo, no creo que pueda estar ni un sólo día sin saber de ti y sin notar que estás a mi lado, dándome ese cariño que tanto necesito.

Te marchaste a trabajar y esperé en la puerta despidiéndote sabiendo que sólo pasarían unas pocas horas hasta que volviera a verte.

Me ha sido muy difícil leer lo que hiciste Ese día. Sabía de tu determinación por conseguir todas tus metas pero nunca que pasarías ese límite. Siento cómo un escalofrío me recorre todo el cuerpo cuando pienso en lo que hiciste, mataste a una persona sin ningún miramiento y sin sentir remordimiento. Explicas la muerte de ese pobre humano como si se tratase de una rata de laboratorio, como si hubiese sido necesaria su ejecución.

Siento náuseas cada vez que lo pienso, y no puedo dejar de llorar. Llorar por ti.

Pero ese día cuando volviste del trabajo no tenía ni la más mínima sospecha de que algo tan grave había sucedido. Te vi llegar como de costumbre, es verdad que algo más cansado de lo normal porque me dijiste que no prepara cena, que necesitabas dormir. Algunos días ocurría, tanto trabajo te hacía llegar a casa destrozado y sin ganas ni de cenar ni de charlar conmigo, por eso no dudé de lo que me dijiste. Yo estaba leyendo un libro cuando llegaste y seguí haciéndolo un tiempo más mientras tú te ibas a dormir.

Yo también estaba cansada y no tardé mucho en ir a acostarme. Recuerdo que mientras me limpiaba los dientes te escuché balbucear entre sueños, fruto quizás del cansancio, decías cosas que no podía entender y que me hacían mucha gracia.

Me acosté junto a ti y estuve un tiempo observándote como siempre lo hacía.

No sospechaba nada de lo que ese día hiciste, no sabía lo cruel de tus actos. Todos los años que he estado contigo no presagiaban la conducta que he descubierto hoy en ti, quizás el amor me hacía ver sólo los aspectos buenos de los que siempre me vanagloriaba delante de mis amistades, o algo te había hecho cambiar estos últimos días. Siempre comentabas que te tenía en un pedestal, que te admiraba sin condiciones y que no veía tus defectos, pero es que no los tenías.

Antes de dormirme recordé que tenía una noticia muy importante que darte, pero estabas tan guapo dormido que esperé para contártela.

Ahora pienso que hubiera sido mejor explicarte lo que pasaba ese mismo día, igual nada de lo que después pasó hubiera ocurrido, me culpo por no decírtelo, por no darte la misma felicidad que hoy tuve pero las distracciones que me invadían me hicieron perder la noción del tiempo y borrarla de mi memoria.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Pati
    Ene 06, 2013 @ 01:17:07

    Vaya, vaya… Parece que te estás reservando la acción para el final! Es posible que hayas dejado un par de pistas en este capítulo o soy yo que ya veo argumentos donde no los hay… :p

    Responder

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