Miércoles

Miércoles 30 de Mayo del 2012:

Cuando repaso lo que hiciste hace una semana se me eriza el vello. Mataste a un ser humano sólo para comprobar que el virus tendría efecto, y cuando llegas a tu laboratorio sólo tienes pensamientos de euforia por conseguir lo que deseabas, no llegaste ni siquiera a pensar lo que habías hecho, el acto tan desagradable que habías cometido. En un primer momento me sentí engañada, sentí que todos los años que llevaba contigo habían sido una mentira. Todo el dolor que sentía me hizo pensar que no te había conocido nunca. Pero cuando leo lo que sientes por mí, el alma se me parte en dos.  Sentí que no estabas escuchándome durante el desayuno. Noté una especie de indiferencia hacia todo lo que te decía que hizo enfadarme. Tenías la mente puesta en otro sitio, cómo si no quisieras estar en ese momento conmigo, o como si tuvieras prisa por abandonarme. Es lo que sentí cuando ni siquiera contestaste al decirte que te quería, tanto fue el enfado que dejé hasta de mirarte. Sentí algo extraño que nunca antes había sentido, algo doloroso que estuvo a punto de hacerme llorar, pero contuve mi indignación más por tozudez que por otra cosa. Estuve todo el día pensando en lo que te podía haber hecho actuar de esa forma, en si había procedido mal para que te sintieras así, pero sabía que no era ese el caso y que si hubiera sido me lo habrías comentado. Cuando estás a mi lado no interfiere nada entre nosotros, por eso esa mañana recuerdo enfadarme mucho y recuerdo que estuve todo el día con ese pensamiento. Salí de casa y decidí que una vez acabados todos los recados me pasaría por el laboratorio donde trabajabas para darte una sorpresa.

Era media mañana y hacía un tiempo muy cálido, había bastante tráfico para la hora que era. En la ciudad me crucé con uno de los ayudantes de mi marido, que según me explicó, había abandonado el laboratorio para arreglar una documentación que había extraviado. Me pregunta por mi marido y por si en los últimos días había notado algo extraño. Explica que ayer hubo una visita en el laboratorio y que tenía muchas dudas de la persona que había acudido en tu compañía. Todo esto me parece muy extraño, más cuando quiere hablar conmigo sobre este tema. Le digo que tengo pensado acercarme al laboratorio y que me puede acompañar para hablar los tres. Se niega en rotundo y decide quedar otro día conmigo, insiste en que algo raro está sucediendo en su trabajo desde hace unos días y que mi marido es el culpable de tal situación. Me asusté cuando te nombró de esa manera, pero es verdad que últimamente te notaba cambiado. Por eso decidí quedar con tu ayudante al día siguiente.

Se me hizo tarde  y había quedado en casa con una amiga para comer, por eso decidí dar la vuelta y no ir al laboratorio.

Para mi sorpresa llegaste muy pronto a casa, eran contadas las veces que había ocurrido un hecho similar. Siempre cumplías con el horario establecido, incluso había días en los que te demorabas más en llegar a casa, pero llegar mucho antes era extraño. Me vino a la mente el encuentro con tu ayudante y todo lo que me había contado. Ahora podría hablar contigo y teníamos tiempo suficiente para intentar solucionar aquello que me preocupaba. Tenía muchas cosas que contarte.

Pero me diste un beso y me explicaste que tenías mucho trabajo por hacer aún y que un montón de papeles te esperaban en tu despacho para ser leídos y firmados. Te trajiste trabajo a casa, cosa que no recuerdo que hubieras hecho antes, siempre preferías terminarlo en tu laboratorio porque contabas que llevarte trabajo a casa era perder ese tiempo que podías estar conmigo. Entendí que tuvieras muchas cosas por hacer, pero siempre me dabas explicaciones de lo que hacías y me pareció muy extraño que ni siquiera me contases de qué iba todo aquel papeleo que tenias que leer. Y además, después de mucho tiempo, teníamos una tarde libre para nosotros solos entre semana, hecho que muy pocas veces habíamos podido disfrutar… Y yo quería darte mi regalo!!! pero fue tal la rabia que sentí que no tuve ganas de entregártelo.

Los enfados contigo duran muy poco, siempre acabas soltando alguna tontería que hace desaparecer ese malestar y lo sustituye por una nueva sonrisa, esas sonrisas que con tanta frecuencia me provocas. Sabía que por la noche todo habría pasado y volvería a la normalidad, pero para mi sorpresa no quisiste cenar y te fuiste a la cama nada más salir del despacho. No quise darle más vueltas y decidí acostarme, aunque estuve unas horas desvelada, pensando en que tenía muchas cosas de las que tenía que hablar con tu ayudante. Debía saber todo lo que pasaba.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Pati
    Ene 07, 2013 @ 00:00:29

    No desvelarás nada hasta el último día, verdad?? Eso es muy cruel!!! Cada día planteas nuevas incógnitas sin que se desvele ninguna de las anteriores…. De todas formas, podrías haberle dedicado un poquito más al asesinato del pobre hombre!! :p

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