Taller nº5

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Escena:

La acción del relato tiene que ocurrir en un teatro. No hay restricciones ni de personajes ni de tema. El único requisito es que uno de los personajes ha de guardar un secreto.

Consejo:

Un teatro y un secreto. Esas son las premisas para la escena de este mes. Mi consejo es que hagáis una pequeña lista con unas cinco respuestas a las siguientes preguntas: ¿Quién guarda un secreto en ese teatro y por qué? ¿Qué secreto es? Anotad cualquier respuesta que se os ocurra, las que os acudan a la cabeza. Una vez las tengáis todas, podréis elegir aquélla que os resulte más sugerente para contar una historia. :)

Extensión:

El texto que tenéis que desarrollar para el taller ha de tener una extensión máxima de 750 palabras. Sólo se admitirá un texto por usuario.

Un teatro y un secreto”

Me viene a la mente la forma en que llegó a mis manos la entrada de tan curiosa obra. Una carta sin remitente y con sólo un mensaje en su interior: “¿Quiere perderse la obra teatral jamás vista?. Este sábado a las 22:00 en el teatro real. Asiento 2D”

Todos los allí presentes nos mirábamos con una cierta desconfianza, pregunté a varias personas y todas me dieron la misma respuesta, nadie sabía de que obra se trataba y a todos nos habían llegado las entradas de la misma forma.

Abrieron las taquillas y entramos pausadamente, no sin sentir una inmensa curiosidad por saber que era lo que nos esperaba dentro del teatro. Quizás sólo se tratase de una broma, o de alguna empresa publicitaria que buscaba a una serie de personas para grabar su anuncio, la cuestión es que un acomodador nos iba señalando muy amablemente el asiento que nos pertenecía.

El murmullo era ensordecedor, todos nos preguntábamos que sucedería. Y la respuesta llegó en manos de un hombre que salió de detrás del telón. La gente calló de inmediato y el hombre comenzó su discurso. En un primer momento se presentó y luego mencionó que los allí presentes habíamos sido seleccionados entre miles de candidatos por pertenecer a un grupo de personas que según dijo teníamos una especie de sintonía espiritual con sucesos paranormales. Todo esto me preocupó en cierta medida y estuve a punto de levantarme y marchar de tan disparatada situación, pero no lo hice por saber más.

Acabó diciendo que un gran secreto nos sería desvelado al final de la obra, un secreto que sólo conocía él y que nos cambiaría la vida.

Pasaron unos minutos y empezó la obra. La verdad es que la caracterización de los actores era sublime, el maquillaje y la vestimenta eran espectaculares, definían con todo lujo de detalles los personajes a los que encarnaban los actores. La obra quería presentarnos un resumen de lo que habían sido los últimos días de un famoso escritor, y nos iba relatando todos los que habían sido sus personajes literarios. Reconocí a muchos de ellos por ser un gran aficionado a la lectura, además de que el mencionado escritor era uno de mis favoritos.

Sentía una gran emoción cada vez que reconocía a un personaje, me hacía volver a determinadas partes de mi vida. El osito volador me hizo recordar a mi primer libro cuando apenas sabía leer, el valiente caballero hizo que volviera a vivir mi adolescencia, y así con cada uno de los personajes que iban apareciendo.

Pero todo se volvió extraño cuando pregunté a la persona que estaba sentada a mi lado si también reconocía a todos los personajes. Su respuesta me dejó sin aliento cuando me dijo que la obra que él estaba viendo no tenía nada que ver con un escritor y sus personajes, me contestó que la obra era una comedia sobre la ciudad donde él había vivido y sobre sus habitantes. No podía creerlo, incluso me produjo una sensación de enfado al pensar que me estaba tomando el pelo por lo que pregunté lo mismo a otra persona y ésta me dijo que la obra era un monólogo de un artista muy conocido que le encantaba. ¿Pero como podía ser que esas personas vieran obras diferentes si estábamos todos en el mismo teatro?. Un cierto nerviosismo se apoderó de mí y no dudé en buscar con la mirada las reacciones de las personas que estaban a mi alrededor. Algunas reían, otras lloraban, otras miraban fijamente el escenario con una cara de melancolía; parecía como si todas estuvieran viendo obras distintas. Me crucé con la mirada de la persona que había presentado la obra y su determinación hizo que me relajase, me hizo un gesto para que me tranquilizara y que al final tendría mi explicación. Así que me senté de nuevo y volví a mirar la obra que seguía con la presentación de mis personajes favoritos. Poco a poco perdí el temor y disfruté de la función como un niño. La obra finalizó y todos nos levantamos a aplaudir con entusiasmo. Todas y cada una de las distintas obras que habíamos visto los espectadores eran fruto de nuestra imaginación y por eso las reacciones en cada uno eran diferentes.

Cada vez que recibo una carta sin remitente deseo con todo mi corazón que vuelva a ser una entrada para el teatro real.

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