Taller

Taller nº 8 ABRIL 2013

http://www.literautas.com

Escena:

Tal y como os decía antes, la escena se basa en el cuadro de Hopper, pero NO es necesario que los protagonistas sean los personajes del cuadro ni que tenga lugar dentro del bar. Tenéis libertad para crear la historia que queráis siempre que:

1. Contéis una historia con su inicio, su nudo y su desenlance.

2. La historia tenga lugar durante la noche, haciendo homenaje al título del cuadro (Noctámbulos) y la atmósfera de soledad que desprende.

3. La historia esté inspirada en el cuadro de Hopper.

Esto es, podéis contar lo que le pasa a cualquiera de los personajes del cuadro, pero también a otro distinto que pase por ahí, lo que sucedía justo antes o justo después de la imagen, lo que sucede a consecuencia de esa imagen… Lo que se os ocurra.

Extensión:

El texto con el que participéis en el taller deberá tener una extensión máxima de 750 palabras, y solo se admitirá un texto por usuario.

hopper-nighthawks

“Escondido tras el lienzo”

-“Señor, venga un momento.” -Comentó uno de los policías que se hallaban en el lugar del crimen.

Dick era un veterano en la comisaría del distrito 43, había identificado a un gran número de asesinos y era todo un experto en solucionar crímenes difíciles. Le gustaba su trabajo, tanto que había dedicado toda su vida a ello, sin necesitar nada más. Por eso había acabado convirtiéndose en un lobo solitario, aunque su afán por cumplir con su trabajo le había reportado gran reconocimiento. Toda su casa estaba llena de condecoraciones, premios y un sinfín de artículos donde le mencionaban como el policía perfecto.

-“¿Qué es lo que quiere, Norman? ¿No ve que estoy ocupado identificando al cadáver?” -Bufó el teniente Dick.

-“Pronto sabremos quién es, acabo de encontrar su cartera en un rincón.” -Le contestó, indicándole dónde se hallaba.

-“Muy bien. Revise la documentación y póngase de inmediato a interrogar a la vecina que nos llamó informándonos del incidente. Quiero acabar lo antes posible con este caso, tengo mucho trabajo acumulado en la oficina.” -Le ordenó.

Pocas horas antes, una mujer muy exaltada había llamado a comisaría rogando que fuésemos de inmediato a la dirección indicada porque había descubierto un cadáver. Por los datos que pude saber después, la mujer en cuestión era la típica señora cotilla, oportunista y roñosa que, por mala suerte, a todo vecino le toca soportar. Pero en este caso, fue esa mala suerte la que nos ayudó a llegar al lugar del crimen pocas horas después de que se cometiera. De inmediato supimos que la señora Enma tenía la llave del piso de la víctima porque se ocupaba de llevarle la comida todos los días.

-“Edward Hopper, señor. Es el famoso pintor.”

-“Ya sé que era pintor, maldita sea; pero si toda la casa está llena de pinceles, paletas y demás utensilios. Casi tropiezo con un bote de pintura… ¡rosa!”

-“Ya, señor, pero es Edward Hopper. ¡Debe sonarle el nombre!. Decían los periódicos que estaba preparando una exposición en la galería MOMA. Mire el cuadro que hay sobre ese caballete; se titula Noctámbulos. Lo sé porque estuve en la exposición en la que lo presentó por primera vez.” -Argumentó Norman.

-“Déjese de tanto dato inútil que no ayuda en nada y dedíquese a comprobar la coartada de la vecina. Mientras, investigaré qué es lo que hace ese cuadro… ¿cómo dijo que se llamaba?”

-“Noctámbulos” -Respondió Norman.

-“Pues eso. Intentaré averiguar qué es lo que hace ese cuadro situado justo en medio de la habitación, a tan escasa distancia de nuestro famoso pintor. No acabo de entender por qué está precisamente ahí. Por cierto, llame de inmediato al forense. Se está retrasando demasiado.

Veamos, el cuerpo tiene un solo impacto de bala en el pecho y, según veo, el disparo tuvo que ser realizado por alguien situado a corta distancia y enfrente de la víctima. El orificio de entrada y salida no deja lugar a dudas. Un disparo directo al corazón es la causa de la muerte. Lo que no logro explicar es el calibre de la bala, por el agujero producido ha de ser de un diámetro muy pequeño, casi tan pequeño como un perdigón.

Según la vecina nadie ha entrado ni salido en horas, y según la posición en la que se encuentra el cuerpo, ninguna ventana coincide con la trayectoria por la que pudieran haber disparado. Creo que este caso me llevará más tiempo de lo que pensaba.

Y el cuadro, esas formas tan sombrías, sólo hay que mirar las caras de sus protagonistas…. hay veces que no entiendo cómo puede existir gente que compre estas cosas.

Tengo la extraña sensación de que la mujer del cuadro me quiere decir algo, como si ella supiera todo lo que ha ocurrido. Y el camarero, parece no dejar de mirarme. Este cuadro cada vez me parece más misterioso. Y el hombre de espaldas diría que guarda un secreto, tal vez compartido sólo por los clientes de ese bar. Todo me lleva a pensar que el disparo provino de la misma dirección en la que se encuentra el cuadro, es como si…. No sé por qué, pero la figura que está sentada de espaldas me resulta fascinante… atrayente… Norman, ¿Qué cree que habrá querido expresar Hopper al situarla ahí? Piensa que quizás pudiera haber sido ella quien…. pero eso es imposible.”

-“No lo sé, señor. Tal vez… ”

Taller nº 7 MARZO 2013

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Escena:

La historia ha de tener lugar en un barco, del tipo que sea. Puede tratarse de un barco pirata, de pesca, de guerra, de pasajeros, de vela, un bote salvavidas… Lo que queráis. Basta con que esté en el agua, flote y tenga algún pasajero y/o tripulante (o no… que también se han dado casos de barcos fantasma).

Además, existe otro requisito, y es que tiene en la historia tiene que suceder (o haber sucedido) un robo. ¿Qué es lo que han robado y quién? ¿Por qué? ¿Los personajes saben que el robo ha tenido lugar o lo desconocen? Eso ya se lo dejo a vuestra imaginación.

Extensión:

El texto que nos enviéis para participar en el taller ha de tener una extensión máxima de 750 palabras, y solo se puede enviar un texto por usuario.

Barco_pirata

“El tesoro robado.

—¡Rayos, centellas, retruécanos y truenos! ¡Por las barbas de Neptuno! ¿Quién ha sido el maldito bribón que ha osado robar mi preciado tesoro? —gritó el capitán pirata Pecholata. —¡Levantaos inútiles mascachapas!

—Capitán, ¿qué es lo que ocurre? —Intervino el segundo al mando, el teniente Roberto Ojotuerto.

—¡Peinaovejas, muerdesartenes, chupacharcas, lamecandaos, masticalegañas,…! ¡Os pasaré a todos por la quilla! —No paraba de lanzar improperios el capitán a todos los tripulantes del barco pirata Pandacafres.

—Avisa al contramaestre Isolina Gato Sardina, que se presente de inmediato ante mi o le mandaré a criar malvas.

—Sí, mi capitán. —Contestó el teniente.

Ojotuerto se puso a buscar al contramaestre por todo el barco hasta que logró encontrarlo durmiendo la mona en la popa.

—¡Despierta cabezabuque! —Le gritó mientras le propinaba tal puntapié que casi le mandó a pastar con los tiburones.

El capitán te reclama de inmediato, no le hagas esperar o de sardina sólo te dejará la raspa.

—¿Dónde está el capitán?

—Por babor.

—Por babor, ¿dónde está el capitán?

—¡Rufián insensato!, levanta y corre. Ya sabes que los muertos no hablan. —Le contestó un malhumorado teniente.

El contramaestre no se lo pensó dos veces y se dirigió de inmediato al encuentro con su capitán. Conocía todas las historias que de su famoso capitán se contaban, historias en las que nunca dejaba supervivientes, aunque pensándolo bien, si nunca dejaba supervivientes…¿esas historias quién demonios las contaba?

—Mi capitán, a sus órdenes. —Le dijo el contramaestre Isolina.

—¡Maldito bastardo! Manda a todos que suban a bordo. (Y bordo murió aplastado)

Una vez reunidos todos los piratas, el capitán se dirigió a ellos informándoles que su tesoro había desaparecido.

—Bellacos, uno de vosotros ha robado mi tesoro. Nadie saldrá vivo de este barco. Ofrezco mil chinches de oro a quien consiga encontrar a mi preciado loro.

—También os debo dar dos noticias, una buena y una mala. Os daré primero la buena.

Como llevamos navegando en busca de barcos a los que abordar más de tres años, cuatro meses, dos días y seis horas; os vais a poder cambiar los calzoncillos. —Ante tal buena noticia todos los piratas gritaron vitoreando a su capitán.

—¿Y la mala noticia? —Contestó Román Calaveracalva.

—La mala es que; tú Román, te los cambiarás con Aquiles Canto, tú Barba Melón te los cambiarás con Edgar Ganta, tú Solomeo Paredes te los cambiarás con Aldo Lorido,…

Todos los piratas comenzaron a investigar, a buscar al responsable de la desaparición del loro Tesoro.

Se hacían preguntas entre ellos para encontrar al culpable. Después de muchas horas encontraron al ladrón.

—Tú, pillastre. ¿Cuántas anclas tiene un barco?

—Esteeeee, mmmmm. ¡Once! —Contestó.

—¿Qué? ¿Cómo que once?

—¡Claro! No ves que siempre dicen: eleven anclas.

—Capitán, capitán. He encontrado al ladrón. —Y en un momento todos los piratas acudieron a la llamada y ataron a Manoslargas, que así es como se llamaba nuestro ladrón de loros.

—¿Qué has hecho con mi loro, rufián? —Le preguntó el capitán Pecholata.

—Oh, nada mi capitán, anoche entré en la bodega en busca de más ron y escuché una voz que me dijo: “¡Jesús te está mirando!” Entonces me asusté, pero como no ocurrió nada y seguía teniendo sed, continué. Y de nuevo volví a escuchar la voz que me dijo: “¡Jesús te está mirando!” Asustado prendí una vela y advertí que la voz venía de su loro. Le pregunté cómo se llamaba y me dijo que Tesoro. “¿Y quién fue el tonto que te puso ese nombre?” le dije. Y él me contestó: “El mismo que le puso Jesús al doberman que tienes detrás, zopenco.”

Y entonces se armó tal belén que huí, dejando a oscuras a los dos animales, y no logré adivinar qué es lo que puÉdo pasar después.

—Arrr, ¡voto a bríos!. Llevadle a estribor para lanzarlo a los tiburones. Y a Jesús también. Los pasaremos por la plancha y daremos de pastar a los tiburones. —Bramó enfadado el capitán ante la idea de que su loro hubiese pasado a mejor vida.

—¡Tierra a la vistaaaaaa! —Gritó desde lo alto el vigía del barco. Y todos los marineros se quedaron ciegos.

Manoslargas y Jesús aprovecharon que los piratas se echaban tierra unos a otros para escapar. Arriaron un bote y se alejaron del barco pirata, el único con un capitán sin loro.

Taller nº 6 FEBRERO 2013

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Escena:

La historia (o una parte, por lo menos) tiene que ocurrir durante un carnaval o una fiesta de disfraces. Además, ha de haber un personaje que tenga miedo de algo, por los motivos que sea.

Género y tono:

No está limitado. Tenéis manga ancha en este asunto. La historia puede ser de terror, de suspense, de amor, de humor, dramática… Lo que se os ocurra y os apetezca, pues el miedo del personaje puede ser por muchos motivos. :)

Extensión:

El texto que tenéis que desarrollar para el taller ha de tener una extensión máxima de 750 palabras. Sólo se admitirá un texto por usuario.

carnaval

“Trágico carnaval”

Recobro el conocimiento y no sé donde estoy, no consigo enfocar la vista más allá, mis párpados se rinden cansados. Palpo la tierra con las manos: estoy tumbado bocabajo en el suelo. Intento incorporarme y noto el peso de mi cuerpo, me doy la vuelta despacio y veo una estrella brillando intensamente. Intento mirarla fijamente pero me mareo un poco, creo que voy a vomitar… Sabor agrio y amargo en la boca, consigo sentarme y veo mi ropa sucia, muevo lentamente las piernas y el resto de mi cuerpo. Está anocheciendo pero todavía hay suficiente claridad, estoy en mitad de un descampado lleno de cardos y margaritas; consigo ponerme de pie, tengo que caminar, debo aprovechar mientras quede algo de luz. ¡Estoy tan desorientado!, no consigo recordar nada por más que me esfuerzo, ¿qué estoy haciendo aquí? ¿qué me ha pasado? ¿qué hago disfrazado? Sigo andando con cuidado y oigo el chirriar de unos pájaros que surcan el cielo. Creo escuchar un llanto lejano, miro hacia todas partes y grito: ¿Hay alguien ahí? Nadie responde. Se me acelera el pulso, sigo oyendo el llanto y voy hacia él. ¿Dónde estás?, vuelvo a gritar, ¡No puedo encontrarte!. Ahora sí, lo oigo claramente y avanzo decidido, detrás de un arbusto de margaritas hay una niña llorando. Me siento a su lado en el suelo y la cojo en brazos, la abrazo y le susurro: “No llores más, tranquila, todo ha pasado”. Hay algo en ella que me resulta familiar, limpio con mis manos su cara llena de mocos y lágrimas, la niña me mira con el corazón encogido y, entre sollozos, intenta decirme algo que no alcanzo a comprender, solo he entendido la palabra mamá. “Tranquila, vamos a ir a buscar a tu mamá, le digo, no llores más”. Ella mueve de arriba abajo su cabecita mientras se restriega los ojos con las manos sucias y se pone de pie. El día oscurece por momentos, cojo a la niña de la mano y comenzamos a andar, le pregunto cómo se llama; luego, levanta su brazo señalando algo con su dedito, miro hacia allí y distingo una columna de humo negro. Mientras caminamos hacia la humareda empiezo a oír lejanas sirenas, de pronto, algo me deslumbra a unos veinte metros a mi derecha y me acerco hasta distinguir una gigantesca pieza metálica, me aproximo con recelo… ¡Dios mío! ¿qué es esto? ¡Hay trozos de metal quemado por todas partes!, la sangre se me va helando por momentos y empiezo a comprender… Sin pensarlo dos veces cojo a la niña en brazos y la pongo de espaldas a todo, no quiero que vea esto, es espeluznante. Le digo a la niña que cierre los ojos, me tiemblan las piernas pero hago un esfuerzo por seguir avanzando mientras se agolpan imágenes en mi cabeza que intento ordenar… Veo dos o tres coches destrozados. La niña es la hija de mis vecinos, yo les convencí para que me acompañaran todos a la fiesta de disfraces de mi trabajo. Hay cuerpos inmóviles en el suelo, no sé si están vivos o muertos. Íbamos juntos en mi coche. El ruido de sirenas se hace más fuerte y claro. A cincuenta metros de mí distingo perfectamente la silueta torcida de la parte delantera de mi Audi, hay bomberos y policías por todas partes. Personas portando camillas corren de un lugar a otro. Todo es un caos. Me voy acercando a lo que queda del automóvil, es como si alguien lo hubiese partido en dos. Su aliento a quemado me golpea en la cara. Alguien grita “¡aquí! ¡aquí!” y dos hombres acuden corriendo hacia él, entonces yo grito “¡aquí, por favor, aquí!, ¡esta niña!” pero no me oyen, creo que ni siquiera me han visto. Sujeto más fuerte a la niña mientras avanzo por el estrecho camino, el olor a gasolina condensa el aire, llego hasta lo que queda de la parte trasera y veo a la niña allí sentada, sola, su grácil cabecita torcida en un ángulo imposible, siento como su cuerpo se desvanece entre mis brazos, me miro incrédulo las manos vacías y grito: ¡Noooooo!. Avanzo despacio y con miedo hasta alcanzar la parte del conductor, y sí, efectivamente estoy allí, con mi disfraz quemado y roto por mil sitios, el pelo cubre mi cara como si quisiera ahorrarme esa máscara de horror, metales retorcidos se incrustan en mi cuerpo roto pero no siento dolor…

Taller nº 5 ENERO 2013

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Escena:

La acción del relato tiene que ocurrir en un teatro. No hay restricciones ni de personajes ni de tema. El único requisito es que uno de los personajes ha de guardar un secreto.

Consejo:

Un teatro y un secreto. Esas son las premisas para la escena de este mes. Mi consejo es que hagáis una pequeña lista con unas cinco respuestas a las siguientes preguntas: ¿Quién guarda un secreto en ese teatro y por qué? ¿Qué secreto es? Anotad cualquier respuesta que se os ocurra, las que os acudan a la cabeza. Una vez las tengáis todas, podréis elegir aquélla que os resulte más sugerente para contar una historia. :)

Extensión:

El texto que tenéis que desarrollar para el taller ha de tener una extensión máxima de 750 palabras. Sólo se admitirá un texto por usuario.

teatro

Un teatro y un secreto”

Me viene a la mente la forma en que llegó a mis manos la entrada de tan curiosa obra. Una carta sin remitente y con sólo un mensaje en su interior: “¿Quiere perderse la obra teatral jamás vista?. Este sábado a las 22:00 en el teatro real. Asiento 2D”

Todos los allí presentes nos mirábamos con una cierta desconfianza, pregunté a varias personas y todas me dieron la misma respuesta, nadie sabía de que obra se trataba y a todos nos habían llegado las entradas de la misma forma.

Abrieron las taquillas y entramos pausadamente, no sin sentir una inmensa curiosidad por saber que era lo que nos esperaba dentro del teatro. Quizás sólo se tratase de una broma, o de alguna empresa publicitaria que buscaba a una serie de personas para grabar su anuncio, la cuestión es que un acomodador nos iba señalando muy amablemente el asiento que nos pertenecía.

El murmullo era ensordecedor, todos nos preguntábamos que sucedería. Y la respuesta llegó en manos de un hombre que salió de detrás del telón. La gente calló de inmediato y el hombre comenzó su discurso. En un primer momento se presentó y luego mencionó que los allí presentes habíamos sido seleccionados entre miles de candidatos por pertenecer a un grupo de personas que según dijo teníamos una especie de sintonía espiritual con sucesos paranormales. Todo esto me preocupó en cierta medida y estuve a punto de levantarme y marchar de tan disparatada situación, pero no lo hice por saber más.

Acabó diciendo que un gran secreto nos sería desvelado al final de la obra, un secreto que sólo conocía él y que nos cambiaría la vida.

Pasaron unos minutos y empezó la obra. La verdad es que la caracterización de los actores era sublime, el maquillaje y la vestimenta eran espectaculares, definían con todo lujo de detalles los personajes a los que encarnaban los actores. La obra quería presentarnos un resumen de lo que habían sido los últimos días de un famoso escritor, y nos iba relatando todos los que habían sido sus personajes literarios. Reconocí a muchos de ellos por ser un gran aficionado a la lectura, además de que el mencionado escritor era uno de mis favoritos.

Sentía una gran emoción cada vez que reconocía a un personaje, me hacía volver a determinadas partes de mi vida. El osito volador me hizo recordar a mi primer libro cuando apenas sabía leer, el valiente caballero hizo que volviera a vivir mi adolescencia, y así con cada uno de los personajes que iban apareciendo.

Pero todo se volvió extraño cuando pregunté a la persona que estaba sentada a mi lado si también reconocía a todos los personajes. Su respuesta me dejó sin aliento cuando me dijo que la obra que él estaba viendo no tenía nada que ver con un escritor y sus personajes, me contestó que la obra era una comedia sobre la ciudad donde él había vivido y sobre sus habitantes. No podía creerlo, incluso me produjo una sensación de enfado al pensar que me estaba tomando el pelo por lo que pregunté lo mismo a otra persona y ésta me dijo que la obra era un monólogo de un artista muy conocido que le encantaba. ¿Pero como podía ser que esas personas vieran obras diferentes si estábamos todos en el mismo teatro?. Un cierto nerviosismo se apoderó de mí y no dudé en buscar con la mirada las reacciones de las personas que estaban a mi alrededor. Algunas reían, otras lloraban, otras miraban fijamente el escenario con una cara de melancolía; parecía como si todas estuvieran viendo obras distintas. Me crucé con la mirada de la persona que había presentado la obra y su determinación hizo que me relajase, me hizo un gesto para que me tranquilizara y que al final tendría mi explicación. Así que me senté de nuevo y volví a mirar la obra que seguía con la presentación de mis personajes favoritos. Poco a poco perdí el temor y disfruté de la función como un niño. La obra finalizó y todos nos levantamos a aplaudir con entusiasmo. Todas y cada una de las distintas obras que habíamos visto los espectadores eran fruto de nuestra imaginación y por eso las reacciones en cada uno eran diferentes.

Cada vez que recibo una carta sin remitente deseo con todo mi corazón que vuelva a ser una entrada para el teatro real.

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